El Tribunal Supremo declara la nulidad de las ordenes de compra de varios Bonos Estructurados comercializados por Barclays Bank

El Tribunal Supremo declara la nulidad de las ordenes de compra de varios Bonos Estructurados comercializados por Barclays Bank

El Tribunal Supremo ha declarado la nulidad de los contratos de compra Bono Autocancelable Bancos Franceses BNP, Soggen, Calyon, cupón 8% y el Bono Autocancelable sistema financiero SAN, POP, BNP 10% semestral

El Tribunal Supremo se ha pronunciado en Sentencia nº 204/2018 de 11 de abril[1] sobre la nulidad de varios bonos estructurados por error vicio en el consentimiento. El cliente contrató con Barclays Bank el 14 de marzo de 2007 la adquisición del Bono Autocancelable Bancos Franceses BNP, Soggen y Calyon por importe de 122.709,19 euros. Por otra parte, el 30 de marzo de 2007 contrató el Bono autocancelable sector financiero BNP, SAN Y POP, por importe de 80.000 euros. Al vencimiento de dichos productos financieros, se produjo una pérdida de 71.365,19 euros en el caso del primer bono estructurado y de 51.344 euros en el caso del segundo bono. En este contexto, el cliente presentó demanda contra Barclays Bank, solicitando la nulidad de los contratos de compra del producto financiero por error vicio en el consentimiento. La sentencia de primera instancia estimó en parte la demanda, considerando que la entidad financiera no había cumplido con su obligación proactiva de información al cliente, si bien rebajó la cantidad a restituir al cliente. La entidad financiera interpuso recurso de apelación que fue estimado por la Audiencia Provincial, considerando que la demandante era un empresario de gran cualificación profesional, responsable de una empresa dedicada a la alimentación, siendo el déficit de información superable de haber mediado una mínima diligencia exigible al cliente.

En primer lugar, debemos señalar que los productos estructurados, que incorporan derivados de segunda y tercera generación, son productos financieros complejos. Éstos, tienen un plazo máximo de vencimiento fijado previamente, que permite al inversor conseguir una rentabilidad contingente vinculada a la evolución de un determinado activo subyacente, normalmente de renta variable y vinculado a una cesta de dos, tres o más acciones. Una de las características de estos productos, en líneas generales, es la existencia de un activo de referencia que está vinculado a la rentabilidad final del producto y/o la posible pérdida del capital invertido. Los activos subyacentes utilizados son muy diversos, pudiendo utilizarse desde índices bursátiles, acciones, fondos de inversión, materias primas hasta tipos de cambio o de interés. Pues bien, son productos híbridos compuestos por dos o más instrumentos financieros, normalmente un activo de renta fija con instrumentos derivados, habitualmente opciones exóticas de tipo barrera. Existen varios tipos de bonos estructurados, entre los que destacan[2]:

  • Bonos con capital garantizado 100% a vencimiento: son los bonos más seguros dentro de su categoría, el inversor normalmente solamente arriesga obtener una rentabilidad cero en el peor de los casos.
  • Bonos sin capital garantizado 100% a vencimiento: son bonos con más riesgo ya que el inversor no solo se arriesga a tener una rentabilidad cero sino que la devolución del capital depende de la evolución del activo subyacente.
  • Bonos convertibles obligatoriamente: estructurados con plazo de inversión 3-5 años, sin capital garantizado y que paga una rentabilidad contingente. Hay normalmente opciones de conversión a favor del inversor, pero obligatoriamente llegado el vencimiento el inversor recibe acciones.

Por último, debemos señalar que los productos estructurados no están protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos, lo que afecta directamente sobre el riesgo del producto, porque además de existir la posibilidad de perder capital por la propia estructura financiera del contrato pactado, se puede perder también el 100% del capital invertido si el emisor (riesgo del emisor) o garante, quiebra. En relación con la naturaleza de estos productos se ha pronunciado en varias ocasiones el Tribunal Supremo, destacando, entre otras la STS nº 269/2017 de 4 de mayo, que apunta: “No es conforme con la doctrina jurisprudencial que la sentencia de la Audiencia Provincial encuentre razones bastantes para excluir la existencia de error. Ello por la complejidad, el carácter especulativo y alto riego del producto estructurado contratado, en el que la suerte de la operación, tanto en términos de rentabilidad como de devolución del capital invertido dependía de la fluctuación de varios índices bursátiles (productos subyacentes), dadas las posibilidades de diversas situaciones y la previsión de ciertos niveles o barreras que conducían a la eventualidad de muy diversos escenarios, algunos de los cuales pueden suponer que el cliente sufriera pérdidas importantes, incluso la pérdida total. A estos efectos, no es suficiente información del riesgo que se asume al proceder a la suscripción del producto la que alude a la posibilidad de «pérdida de parte» del capital ni tampoco la explicación de que, si alguna acción hubiese experimentado en su valor una pérdida de más del 40%, a su vencimiento se devolvería el capital minorado en la pérdida de dicho valor y, a modo de ejemplo, tomando como base la evolución del valor de las acciones de BBVA, se indique que si toca esa barrera del 40% y al vencimiento cae un 7% se devolvería el 93% del capital.”

En esta ocasión, la Sala se pronuncia sobre las obligaciones de información en los contratos de inversión de bonos estructurados: “En el presente caso ha resultado acreditado que la entidad financiera incumplió los deberes de información que resultaban exigibles a tenor de la naturaleza compleja de los productos financieros ofertados dicho déficit de información resulta determinante tanto para la apreciación del error vicio del consentimiento prestado como para la excusabilidad del error sufrido por el cliente en la contratación de estos productos financieros.”

Por otra parte, la Sentencia confirma la jurisprudencia sobre el perfil del cliente, señalando que la mera cualificación de empresario con un perfil alejado de los mercados financieros, no es suficiente para considerarlo un inversor experto: “De forma que contrariamente al criterio seguido por la sentencia recurrida dicho déficit de información no queda suplido por la mera cualificación profesional del empresario con un perfil muy alejado de lo que puede considerarse como un inversor experto con conocimientos en estos productos financieros por el importe de la inversión realizada por significativa que sea ésta y, en su caso, por la diligencia exigible al cliente que por definición no es el obligado a prestar dicha información que incumbe directamente a la entidad bancaria.”

Sacristán&Rivas Abogados recomienda, ante la jurisprudencia reciente sobre bonos estructurados que declara la naturaleza y riesgos de estos productos litigiosos y las obligaciones de información de las entidades financieras, revisar las contrataciones efectuadas en esta materia, y acudir, cuanto antes, a expertos cualificados en la materia, para poder realizar un estudio del caso concreto, y analizar las posibilidades de defensa, estando este Despacho especializado en la materia, y a su disposición a tales efectos.

Sacristán&Rivas Abogados

[1]http://www.poderjudicial.es/search/contenidos.action?action=contentpdf&databasematch=TS&reference=8355902&links=&optimize=20180420&publicinterface=true

[2] http://www.sacristan-rivas.es/productos-estructurados/