Productos estructurados

Productos estructurados

Productos estructurados

Las entidades financieras vuelven a comercializarlos como consecuencia de la volatilidad en máximos históricos por la crisis del Covid-19

Según ha publicado el diario El confidencial[1], la situación actual en los mercados ha supuesto un incremento en la volatilidad y un desplome generalizado en todos los activos. La velocidad con la que ha ocurrido ha dificultado rotar las carteras, trabajando las entidades financieras en la creación de nuevos estructurados. La ola de ventas de las tres primeras semanas de marzo se sucedió en todos los activos, con caídas de más del 30% para las carteras más agresivas (con mayor peso de la renta variable) y de hasta el 10% en las conservadoras. Estos movimientos, en época de confinamiento, han obligado al segmento de banca privada de las entidades financieras a intensificar el contacto con los clientes para mantener su perfil de riesgo y plazo, y para rehacer carteras tras los daños, ofreciéndose como alternativas las inversiones a crédito o los estructurados con el objetivo de aprovechar la volatilidad.

Los productos estructurados, con diversos derivados de segunda y tercera generación, son productos financieros complejos. Tienen un plazo máximo de vencimiento fijado previamente, que permite al inversor conseguir una rentabilidad contingente vinculada a la evolución de un determinado activo subyacente, normalmente de renta variable y vinculado a una cesta de dos, tres o más acciones. La característica de estos productos, en líneas generales, es la existencia de un activo de referencia que está vinculado a la rentabilidad final del producto y/o la posible pérdida del capital invertido. Los activos subyacentes utilizados son muy diversos, pudiendo utilizarse desde índices bursátiles, acciones, fondos de inversión, materias primas hasta tipos de cambio o de interés. Pues bien, son productos híbridos compuestos por dos o más instrumentos financieros, normalmente un activo de renta fija con instrumentos derivados, habitualmente opciones exóticas de tipo barrera. Existen varios tipos de bonos estructurados, entre los que destacan:

1.- Bonos con capital garantizado 100% a vencimiento: son los bonos más seguros dentro de su categoría, el inversor normalmente solamente arriesga obtener una rentabilidad cero en el peor de los casos.

2.- Bonos sin capital garantizado 100% a vencimiento: son bonos con más riesgo ya que el inversor no solo se arriesga a tener una rentabilidad cero, sino que la devolución del capital depende de la evolución del activo subyacente.

3.- Bonos convertibles obligatoriamente: estructurado con plazo de inversión 3-5 años, sin capital garantizado y que paga una rentabilidad contingente. Hay normalmente opciones de conversión a favor del inversor, pero obligatoriamente llegado el vencimiento el inversor recibe acciones.

Se debe tener en cuenta que los Bonos estructurados no están protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos, lo que afecta directamente sobre el riesgo del producto, porque además de existir la posibilidad de perder capital por la propia estructura financiera del contrato pactado, se puede perder también el 100% del capital invertido si el emisor (riesgo del emisor) o garante, quiebra.

Sobre este tipo de productos se ha pronunciado el Tribunal Supremo en Sentencia nº621/2019 de 20 de noviembre, en relación con su comercialización a un cliente minorista, detectando incumplimientos del deber de evaluación y del deber de información de la entidad financiera comercializadora, señalando la Sala lo siguiente: “1.- Consta que el primero de los productos cuya nulidad se pretende se regía por lo dispuesto por el RD 629/1993 de 3 de mayo, mientras que el resto de los bonos se sujetaban al dictado de los arts. 78 bis y 79 de la Ley de Mercado de Valores, en la versión vigente a la fecha de la contratación de los referidos bonos. 2.- Aún con la vigencia del RD 629/1993, los bancos estaban obligados a extremar la información ofrecida, asegurándose de que era un producto que reuniese las características que pudieran acompasarse con el perfil del cliente. 3.- La omisión de los test hacen presumir la falta de conocimiento suficiente del cliente (sentencia 840/2013, de 20 de enero). 4.- La inexistencia de test no quedó compensada con el conocimiento que el cliente pudiera tener de los productos contratados, dada la minusvalía padecida y la nula formación de su acompañante en el mercado financiero complejo, unido especialmente a que el demandante no sabía leer ni escribir. 5.- En la documentación acompañada, que se refleja en la sentencia de la Audiencia Provincial, se califica al cliente, según los casos, de forma contradictoria, a saber, determinando que las carteras contratadas tenían, según el bono, un nivel «moderado», «conservador» o «agresivo». 6.- Al final de alguna de las órdenes de compra se incluía, de forma estereotipada, un sucedáneo de test, con dos preguntas como máximo, en otro ni eso, y al folio 179 consta una cláusula sobre experiencia financiera, claramente preredactada por el banco.”

Destacamos, en el mismo sentido, el pronunciamiento del Tribunal Sentencia nº36/2019 de 17 de enero, que sobre el incumplimiento del deber de información, señala: “En este caso, si partimos de los propios hechos acreditados en la instancia, no puede apreciarse que la entidad financiera cumpliera los deberes de información que hemos visto que establecía la legislación aplicable en la fecha de celebración de los contratos litigiosos; y desde ese punto de vista, la sentencia recurrida se opone a la jurisprudencia de esta sala. En particular, la Audiencia Provincial no hace mención de manera clara y terminante a que el banco informara a los clientes de los riesgos de los productos contratados, que es el elemento determinante para la formación del consentimiento en este tipo de contratos. Además, no repara en que era preceptiva una información precontractual completa y adecuada, con suficiente antelación a la firma de los documentos, y que la entidad no se había asegurado de que los clientes tuvieran conocimientos financieros, ni de que los productos ofertados fueran adecuados a su perfil inversor. Por lo que no puede compartirse que la información ofrecida fuera suficiente, ni que se adecuara mínimamente a las exigencias legales.”

Sacristán&Rivas Abogados ha representado los intereses de los afectados, tanto de particulares como de empresas, por la comercialización de productos estructurados sin la suficiente información sobre la naturaleza del producto y los riesgos que se asumen con su contratación. Recomendamos a todos aquellos que estén interesados en adquirir este tipo de productos, antes de la inversión, se aseguren que reciben la información que exige la normativa en relación con la naturaleza, riesgos y funcionamiento de este tipo de productos, con el objetivo de tomar una decisión financiera conociendo cuál es el riesgo de pérdida del principal invertido que se asume y las probabilidades de éxito existentes en la operación. Por otra parte, recomendamos que, todos aquellos que hayan sufrido pérdidas sobre la inversión realizada en productos estructurados, acudan, cuanto antes, a expertos cualificados, para la realización de un estudio sobre el caso concreto y un análisis sobre las posibilidades de defensa, si así interesa, estando este Despacho especializado en la materia y a su disposición, a tales efectos.

Sacristán&Rivas Abogados

[1] https://www.elconfidencial.com/mercados/2020-04-12/banca-privada-crisis-estructurados-credito-coronavirus_2543932/